lunes, 14 de septiembre de 2009

Uno menos.

En estos momentos, hay un enredo de sentimientos en mi que son como un asqueroso, verde, pegajoso, espeso, y mal oliente vómito de algún extraño animal nunca antes visto (probablemente un cuadrúpedo con alas, seis ojos, doce corridas de dientes, de lengua bífida y cola de pez, con la cola en la frente claro, para que no sea tan normal dentro de su anormalidad). Después de tanto tiempo en lo mismo, llegó el momento de despertar, y vaya manera!.
Fue un cambio tremendo, quizás influenciado por una seguidilla de decepciones y uno que otro hecho en particular, entre uno de los más importantes, la aparición de aquella conejita blanca (maldita sea!), que a pesar de ser un imposible para mi, sin quererlo, abrió mis ojos.


Ahora, seguiremos con lo nuestro...

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